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Ayuda Psicologica o Psiquiatrica

Ayuda Psicologica o Psiquiatrica

ATENCIÓN Y ASESORAMIENTO PSICOLÓGICO

 

La intervención de los psicólogos para acompañar a las víctimas de accidentes, tanto a los propios accidentados como a sus familiares, es cada día considerada más importante. Es además un derecho que la víctima tiene. Nosotros creemos que estar presentes desde el primer momento es más eficaz que la intervención tardía que antes se hacía cuando la persona accidentada estaba sufriendo muchos síntomas psicológicos (como ánimo depresivo o ataques de pánico, por ejemplo). 

Es verdad que no todas las personas reaccionan de la misma manera, pero nadie sale indemne de un accidente. Así una persona con un nivel alto de resiliencia (la capacidad de adaptarse a hechos muy adversos o perturbadores) puede lograr ser menos vulnerable y protegerse mejor frente a los efectos adversos del accidente. Seguramente su reacción y el impacto sufrido sean más moderados, pero no siempre estamos en disposición de reaccionar de esa manera a un hecho tan grave como un accidente de circulación. A muchas personas ese accidente puede sobrevenirles en un momento de menor equilibrio psicológico por haber sufrido sucesos previos también victimizantes, o estar sufriendo una crisis personal, o ver roto un proyecto de futuro importante, o verse impedidos para atender a su familia o su trabajo, o no contar con el apoyo necesario en ese momento. Este aspecto, el apoyo familiar, es importante para la recuperación de las secuelas que deja un accidente. Si la familia se mantiene unida en la desgracia serán capaces de responder positivamente a un hecho tan desgraciado.

Por todo eso, la intervención de nuestros psicólogos se puede dividir en tres fases:

  1. En la primera, se trata de mostrar a la víctima y su entorno que cuentan con apoyo para que su sensación de vulnerabilidad, para la percepción de no tener un control sobre los sucesos negativos, y para la conciencia, en el caso de la persona accidentada, de que su integridad física está en peligro por las heridas sufridas, o, en el caso de sus familiares, por ser testigos impotentes de tanto daño o, en el peor de los casos, de una pérdida irreparable. Y nuestro empeño es que ese apoyo que ofrecemos pueda moderar todo lo posible la situación angustiosa que todos ellos están viviendo. En esta primera intervención se trata de escuchar, aliviar las crisis de ansiedad que suelen producirse y dejar abierta para el futuro esa vía de ayuda. Por supuesto, esa ayuda debe adaptarse a las distintas condiciones psicológicas de cada afectado y a su edad: no es igual el modo de ayudar a un niño que a un adulto a enfrentar algo tan terrible. Antes de pasar al segundo momento, queremos que las víctimas entiendan que en este primer momento, al sufrir el impacto, son habituales y normales las reacciones de supervivencia y las de huída. Además es frecuente que las conductas sean desorganizadas, como fuera de control, que se produzca un estado de shock que paraliza, que se sienta gran bloqueo o que se ande sin rumbo fijo con la mente vacía. Algo que se produce en todos los casos es la angustia, casi constante, que se suele acompañar de reacciones físicas (sudor, temblor, taquicardias, ahogos…) y de sensaciones de re-experimentación del accidente. Tanto en ese momento como posteriormente se producirán alteraciones del sueño, pesadillas, sobresaltos en cualquier momento del día y sentir que se está en una alerta permanente. En lo cotidiano, es frecuente la pérdida de apetito, los mareos, las náuseas e incluso el dolor físico.
  2. La segunda intervención que nuestra fundación ofrece es el tratamiento psicológico necesario para aliviar la angustia y resolver cuantos síntomas psicológicos sufra la víctima del accidente o sus familiares directos. Serán síntomas en los que la angustia y las sensaciones físicas que la acompañan se mantengan y, además, se vivencie una sensación de agitación, de incredulidad ante lo ocurrido, o sobrevenga el llanto en cualquier momento o las ganas de gritar. También será frecuente sentirse deprimido, querer evitar cualquier situación que suponga el mínimo riesgo, querer huir de lo que se está viviendo o quedarse paralizado y no ser capaz de realizar ni las tareas más cotidianas. En esta fase se tratará también de elaborar esa parte de la reacción al accidente sufrido que afecta a nuestras cogniciones y al lado más emocional de nuestra psique  (aunque las reacciones físicas, los pensamientos y la emociones son distintas caras de la reacción que se produce ante el impacto recibido). Esas reacciones son pensamientos que nos hieren pero no nos podemos sacar de la cabeza, falta de concentración en todas las áreas de nuestra vida, pérdida parcial de memoria sobre lo acontecido, pensamiento lento e ideas de no tener el control de nuestras vidas. Así mismo, en cuanto a lo emocional: lo que se puede definir como anestesia emocional (parecer que no sentimos nada, que no sufrimos por lo que deberíamos sufrir), tristeza, momentos de ira o irritabilidad constante, sensación de incapacidad, de no ser capaz de enfrentar el futuro, no sentir placer ante nada y estar constantemente preocupados (muchos de estos aspectos son componentes del ánimo depresivo que suele imponerse en nuestro psiquismo o del trastorno de estrés postraumático (TEPT) también frecuente en estas situaciones).

En esta fase, además de ayudar a aliviar o resolver esos síntomas, es importante dar cabida al duelo por el cuerpo lesionado, si ese es el resultado del accidente, o, en el caso de que la persona accidentada haya muerto, que la persona que amaba a ese ser querido pueda dar expresión y elaborar el duelo.

El objetivo de esta fase es que la persona recupere en el mayor nivel posible la normalidad en sus actividades y en sus relaciones. Todo el apoyo que se reciba por parte de familiares y amigos será esencial en la buena resolución del tratamiento.

  1. Por último, en una tercera fase, nuestros psicólogos, al ser Psicólogos Especialistas en Psicología Clínica (únicos autorizados para evaluar e informar a un juzgado sobre el estado psicológico y las secuelas psíquicas) podrán elaborar un informe para el juzgado que se haya hecho cargo del caso. En ese informe, además de informar de la evolución o resultado del tratamiento psicológico que siguen las víctimas, se informará al juez de las secuelas psicológicas que esas personas puedan sufrir. Las secuelas psicológicas son aquellos aspectos sintomáticos del daño psicológico generado por el grave impacto sufrido por el accidentado, que dio lugar a un trastorno psicológico, y que no pueden ser resueltas a corto plazo e incluso pueden mantenerse durante largos periodos de la vida de la víctima. Más concretamente, si los síntomas se mantienen y estabilizan, cronificándose así en el tiempo a pesar de que la persona ha recibido nuestro tratamiento psicológico, se considera que esa víctima presenta una secuela psíquica. Esos daños forman parte de lo que los seguros han de indemnizar a las víctimas. El psicólogo que hace el informe acudirá, si así lo solicita el juez, a ratificar ese informe en el acto del juicio.

 

Por supuesto, aunque esas sean las tres fases esenciales en la atención a las víctimas de los accidentes de tráfico, posteriormente, siempre que la persona lo necesite, puede acudir a solicitar nuestros servicios para cualquier cosa que necesite.

 


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